…Y el Gobierno, a lo suyo


El político es un servidor público. Y como servidor público que es su cometido, es servir al ciudadano. El político está para solucionar problemas de la ciudadanía.

Sin embargo parece que sólo se acercan a los ciudadanos cuando llega la hora de las votaciones. Es el momento álgido de la Democracia y la Libertad. Por muchos motivos. Uno de ellos es porque es el único momento en el que se saben que son vulnerables, porque dependen de nosotros, los que votamos. Por eso, aunque no nos hacen ni caso durante toda la legislatura, los últimos meses se acuerdan de que existe la palabra “ciudadano”; sí, personas que viven en comunidad y que intentan tener un mejor nivel de vida, con su esfuerzo diario.

Todo esto lo escribo porque, desde hace unos meses, un centenar de ciudadanos afectados por la hepatitis C -la más virulenta y hasta hace poco, mortal- se encuentran encerrados en el Hospital 12 de Octubre en Madrid. Reclaman a la Administración Central, a Rajoy y a su Ministro de Sanidad Alfonso Alonso, que sea el Estado el que sufrague el tratamiento; tratamiento por cierto, sumamente costoso -a partir de 60.000 dólares-.

Tras muchas manifestaciones, cadenas humanas y concentraciones, finalmente Mariano Rajoy y Alfonso Alonso les han asegurado que ningún paciente se quedará sin el tratamiento. Pero eso ya lo han dicho varias veces y los pacientes siguen sin tenerlo.

El asunto no es menor. Diariamente mueren 12 personas por no disponer de estos fármacos tan caros. Al año, son más de 4.000 personas las que fallecen en España.

¿Y el Gobierno no hace nada más allá que incumplir sus promesas?. ¿Pero qué tipo de despropósito es éste?. ¿A qué estamos jugando?. Si un señor paga religiosamente a la Seguridad Social, tiene el derecho y el deber de que el Estado sufrague el tratamiento por esta dolencia mortal. Pero, incluso si no la pagara. Cualquier persona tiene el derecho de asistencia. Otra cosa, es un delito.

Pero en fin, aquí no pasa nada. Los afectados por la hepatitis C se marcharon recientemente a Bruselas, para pedir ayuda, doblados por el dolor de un viaje de más de 20 horas en camión y con sus hígados deshechos. Ya que España no les hace caso, a lo mejor Bruselas, sí. Ojalá así sea, aunque tengo mis dudas.

Ahora bien, ya llegará el momento -y queda muy poco- en que los políticos tendrán que salir a la calle a pedir el voto. Y entonces abrazarán a niños y a ancianos; mujeres y hombres. Que tengan cuidado no vayan a estrechar sus brazos a un afectado de hepatitis C. Seguramente, salga mal parado.

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