Rodrigo Rato: de estrella a estigma


A Rodrigo Rato siempre le adornó una levita chulesca y displicente. Pero como todo buen signo de agua, era apasionado y creativo igual que inseguro y complejo. Por eso, y porque desde muy niño, supo lo que era la riqueza sin trabajarla, se convirtió en una estrella llena de aristas y agujeros negros de donde, probablemente jamás haya salido.

Hay que reconocerle -aunque ahora haya caído en desgracia- que Rodrigo Rato fue el creador del milagro económico español. Dejó unas finanzas saneadas cuando se marchó de la Vicepresidencia económica a principios de este milenio, en el Gobierno de Jose María Aznar. Ya, para ese entonces, Rato era el mago de las finanzas españolas e internacionales, galanteador impenitente de mujeres que caían rendidas ante su sabiduría intelectual.

Por eso, se enamoró de él una joven periodista. Con ella emprendió una nueva aventura a Washington como Director Gerente del Fondo Monetario Internacional. Ya no podía llegar a más. Su éxito era reconocido en planeta y medio.

Pero un día decidió volver de su aventura americana. Y como el poder es la golosina permanente que todos los niños quisieran tener, le pidió a su entonces íntimo amigo Mariano Rajoy, que le diera la presidencia de Bankia, uno de los bancos más importantes de España.

Hay favores que se pagan y él lo ha pagado y de qué manera. En la presidencia de Bankia maquilló cifras y destruyó documentos que decían que la entidad se encontraba mal, muy mal. Sin embargo, en un alarde de poder, se hizo fuerte y la sacó a Bolsa. Con ello quebró al banco y miles de personas se arruinaron. Otras tantas se quedaron sin sus casas y más de uno se dejó la vida sobre el asfalto al haber perdido todo.

Ahora se sabe que Rodrigo Rato quería ser más rico de lo que rico que ya era; tener más dinero para tener más poder y, así más dinero y así más poder en un juego vicioso del que ya estaba quemado.

El pensador, el intelectual liberal de los conservadores del Partido Popular, el hombre de consenso, se ha caído con siete delitos económicos que pesan sobre él y por lo que tendrá que rendir cuentas.

Lo peor es que nadie de su partido le ha llamado. Quien fuera el hombre ideal para querer ser su amigo ahora, es un advenedizo estigmatizado y corrupto que no se merece ser digno del Partido Popular; y que por ello le han expulsado. Sin embargo, más de uno y de dos y de tres de ese partido, deberían mirarse el ombligo antes de tirar la primera piedra y esconder la mano.

Rato tendrá que ir a la cárcel. Es lo justo, tras los desmanes y desfalcos que provocó. Sólo espero que todos aquellos que hoy le lapidan, estén libres de pecado. Tengo mis serias dudas.

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