Acaba la política tradicional. Comienza a hablar la ciudadanía


Han pasado dos semanas desde que los españoles fuimos a votar para las elecciones autonómicas y municipales. Dos semanas para aprehender, para asimilar el resultado que ha cambiado radicalmente el mapa político y electoral español.

La caída del bipartidismo, el principio del fin del Partido Popular y del Partido Socialista y la subida de fuerzas emergentes como Podemos o Ciudadanos, han cambiado la manera de pensar de la opinión pública; tanto que ha supuesto una revolución, democrática y por las urnas, pero una revolución al fin y al cabo.

Más allá del hartazgo y del castigo a la clase política ortodoxa, hay un dato que me ha llamado mucho la atención, a pesar de que ha pasado desapercibido para la mayoría. Es el del poder del ciudadano en tanto que ciudadano, que quiere decidir su futuro prescindiendo de la política tradicional.

Por ejemplo, en la Ciudad Condal, Ada Colau y su plataforma ciudadana Barcelona en Comú, ha conseguido nada menos que la alcaldía de la segunda ciudad más importante del país.

En Valencia, Compromís, que aglutina también a vecinos desencantados y a partidos con escasa, hasta ahora participación, es la ganadora. Lo mismo ha ocurrido con Marea Blanca en la ciudad de Vigo en Galicia o Ahora Madrid, aunque esta última no deja de ser un hijo pequeño del grupo político radical de izquierdas, Podemos.

Estos resultados de participación ciudadana han tenido su réplica en municipios más pequeños como Torrelodones, a las afueras de Madrid donde, por segunda vez, repiten un grupo de ciudadanos.

Todas estas pequeñas bolsas de votos configuran una gran bolsa electoral. Representan a millones de personas que están desencantadas, hartas de la política de siempre. Personas que no quieren ni antiguos ni a nuevos partidos en forma de experimentos de laboratorios de marketing.

Vamos a encontrarnos con muchas sorpresas en las elecciones generales del próximo mes de Noviembre. La primera será la derrota del Partido Popular de Mariano Rajoy y su probable desaparición.

La segunda serán las alianzas de los partidos antiguos y nuevos de la izquierda que no hacen sino asustar al inconforme.

La tercera y, más significativa será la participación ciudadana en plataformas que irán copando protagonismo en detrimento de los políticos de toda la vida.

La política, tal y como la entendemos desaparecerá paulatinamente. Los partidos serán asambleas, agrupaciones, asociaciones, comunidades. Desconozco la fórmula pero la Democracia griega tenderá aún a obtener más protagonismo, dentro de una gran transformación y regeneración que ya se avecina.

Ya lo dijo mi compadre Ulrich Richter en su libro “De la protesta a la participación ciudadana”. Parecía un ejercicio de un visionario cuando lo escribió. Ha resultado tan aseverativo que se ha convertido en uno de los mejores politólogos ciudadanos.

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